La deshistorización del tiempo
En la educación popular debemos aprender
a colocar los conceptos en lenguaje plástico. Existe un principio
sagrado: no se trata de que el pueblo entienda lo que hago, sino que
“vea” lo que yo hago. Si no logramos transformar el concepto en
metáfora, en imagen, seguiremos hablando un lenguaje ajeno y corremos el
riesgo de llevar al pueblo a usar un lenguaje intelectualista. Un
ejemplo de ello es el caso del carcelero que leía nuestras cartas en la
prisión para censurarlas. Un día conversaba con nosotros y se quejaba de
sus problemas sentimentales con su novia; al poco tiempo le pregunté
cómo iban las cosas y me respondió: “Ay, hermano, el asunto está
difícil, nos encontramos en un antagonismo”. Él había leído en nuestras
cartas la palabra “antagonismo”, la encontró bonita y la incluyó en su
lenguaje.
Otro principio de la educación popular es la necesidad
de “tener un tendedero donde se puedan colgar los conceptos y analizar
la realidad”. El tendedero es la percepción del tiempo como historia. Es
un hecho que existen civilizaciones, tribus y grupos que no tienen la
idea del tiempo como historia, como los antiguos griegos, para quienes
el tiempo era cíclico.
La esencia del neoliberalismo es la
“deshistorización del tiempo”. Cuando Fukuyama declaró “el fin de la
historia”, no hizo sino expresar lo que el neoliberalismo quiere lograr:
“hemos llegado a la plenitud del tiempo: el método neoliberal de
producción capitalista, el mercado. Son pocos los escogidos y muchos los
excluidos; y ya no tiene caso querer luchar por una sociedad
alternativa”. Actualmente es difícil hablar de sociedad alternativa; de
socialismo, ni pensarlo. Se ha creado una especie de pudor, un bloqueo
emocional alrededor de este asunto.
La idea de que el tiempo es
historia proviene de los persas, fue transmitida a los hebreos y
acentuada por la tradición judaica. Es curioso que los tres grandes
paradigmas de nuestra cultura sean judíos (Jesús, Marx y Freud) y que
por lo tanto trabajaran con los conceptos tiempo e historia.
La
perspectiva de Jesús es histórica. El Dios de Jesús es el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob; el concepto principal de la prédica de
Jesús, el Reino, es la culminación de un proceso histórico. Otro ejemplo
es el relato del Génesis, donde la creación del mundo aparece marcada
por la historicidad del tiempo desde antes de la aparición del ser
humano. En el caso del marxismo este no se puede entender sin
profundizar en los modos de producción anteriores al capitalista y sin
comprender cómo sus contradicciones pueden llevar a los modos de
producción socialista y comunista. El análisis marxista supone el
rescate del tiempo como historia. En el caso de Freud, cuando alguien se
somete al psicoanálisis el psicoanalista le pregunta sobre su pasado,
su infancia, su niñez. Toda su psicología es un rescate de nuestra
temporalidad cono individuos.
El neoliberalismo está destruyendo
la perspectiva histórica, por eso corremos el riesgo de hacer educación
popular descolgando la ropa sin tener un tendedero. Ese tendedero a
nuestra espalda, el tiempo en cuanto historia, es fundamental para que
otros puedan visualizar el proceso.
Esto sucede también en la
dimensión micro de nuestras vidas. ¿Por qué actualmente las personas
tienen dificultad en tener proyectos de vida? ¿Por qué los jóvenes
llegan al término de la educación media y no tienen idea del curso
superior que desean estudiar, la carrera que quieren seguir, el rumbo
que quieren dar a sus vidas? Cada vez abandonan más tarde la casa de los
padres porque pierden la dimensión histórica; todo es “aquí y ahora”.
Lo que más favorece la deshistorización es la televisión. Nuestra
generación es la última generación literaria, porque la literatura es
narrativa y la narrativa tiene un comienzo, un medio y un final. El
libro induce a la historicidad mientras que la televisión promueve la
circularidad. Acaba con la idea de pasado, presente y futuro; comienzo,
medio y final. Pongamos cono ejemplo cuando Ayrton Senna, corredor de
autos, murió en un accidente: en una misma toma lo vemos siendo
enterrado, recibiendo un premio y dándose un baño de champaña. Esto
genera en la mente de las nuevas generaciones la idea de circularidad,
nunca la temporalidad, y mucho menos de historicidad. Lo que fue puede
ser, lo que puede ser ya fue, lo que sucede ahora no podrá ser después.
La televisión constituye un desafío para la educación popular. Aunque
todo el sistema escolar se basa en la lectura de libros en cierto modo
resulta anacrónico, porque no es suficiente educar a las personas para
leer textos: necesitan ser educados para ver la televisión. En Brasil,
por ejemplo, el promedio diario de asistencia a la escuela de un alumno
de educación media es de cuatro horas, mientras que frente al televisor
es de cuatro horas y media. El promedio europeo es de ocho horas en la
escuela y, como máximo, tres horas frente a un televisor. Se requiere
educar para ver la televisión, de manera que las personas logren un
distanciamiento y, a partir de él, una percepción crítica de los
programas que observan.
La Concientización
La educación popular, tal como fue
desarrollada en la obra de Paulo Freire, se basaba en dos paradigmas: el
del personalismo cristiano y el marxista. Los dos paradigmas acuñaron
una expresión que actualmente ya no está tan de moda: “concientización”.
El paradigma de la concientización debe discutirse con más profundidad
porque las personas, incluyéndonos a todos, no hacemos exactamente lo
que consideramos verdadero ni lo que pensamos. Hacemos lo que queremos, y
muchas veces queremos lo que no pensamos, o pensamos una cosa y hacemos
otra. Esto no significa que corramos el riesgo de nunca acertar. El
problema es que con mucha frecuencia formamos líderes “concientizados”
que, sin embargo, en las instancias de poder, establecen relaciones
opresivas y burguesas. Es muy difícil formar verdaderos líderes.
Paulo Freire enfatizaba las dificultades para “educar permanentemente
al educando y al educador”. El educador se educa a partir del educando,
pero puede o no dejarse reeducar. En general tendemos a no dejar que nos
cuestionen. En la práctica de la educación popular, en nombre de una
educación y una metodología liberadoras seguimos con prácticas
“bancarias” y colonizadoras. Pensamos que vamos a cambiar la forma de
pensar del educando en lugar de partir de él. Partir del educando es la
única manera de partir de la experiencia del grupo.
Tenemos el
vicio de ser direccionistas en nombre de la educación popular. La
educación popular es como la gimnasia: si dejas de practicarla,
engordas, te vuelves flojo; es la gimnasia del espíritu pedagógico, no
puede detenerse.
Los Nuevos Paradigmas
La educación popular debe trabajar los nuevos paradigmas: la dimensión
holística de la realidad; la dimensión ecológica; las relaciones de
género, sexualidad, afectos y subjetividad; la relación de lo micro con
lo macro.
“Dimensión holística”. Holos es una palabra griega que
significa totalidad. Es necesario tener presente que el educando, así
como el educador, es un ser en totalidad, en sus relaciones, en sus
contradicciones, dotado de razón y emoción. Es un ser que tiene
relaciones que rebasan el análisis político, cartesiano, explícito,
conceptualmente correcto y definido. Esa red de relaciones debe ser
tomada en cuenta en el proceso educativo. Existe un vínculo
indestructible entre los seres humanos y la naturaleza, entre nosotros y
el cosmos.
“Dimensión ecológica”. El aspecto ecológico es una
navaja de dos filos. Existe la forma burguesa de enfrentarlo y la manera
libertadora. El gran legado del líder seringueiro Chico Mendes consiste
en entender que todo lo que acontece en la naturaleza influye en la
vida humana, así como lo que ocurre en la vida humana influye en la
naturaleza.
El reto es estudiar cómo se da la relación con la
ecología. No se trata de defender a los delfines del golfo Pérsico o las
ballenas de Alaska olvidando los niños del noreste de África. De hecho,
el animal más amenazado por la extinción es el ser humano.
La
bandera de la ecología es revolucionaria porque la ecología es como un
avión: aunque haya primera clase, clase ejecutiva y clase turista, a la
hora de caer no hay distinción, todos pueden morir. Comprenderlo así nos
permitiría reformular también la idea de aliados políticos. En
ocasiones limitamos el abanico de aliados por no sentir que hay demandas
que exigen respeto a la vida tanto de las clases dominantes, como a la
nuestra, como el medio ambiente, que afecta igualmente a ricos y a
pobres. Podríamos movilizar a todo un sector de la sociedad que, por
nuestros prejuicios, está siendo movilizado por nuestros enemigos de
clase. Por prejuicios paradigmáticos dejamos a ciertos sectores
importantes de la sociedad en manos de los que quieren perpetuar el
sistema, y no de los que quieren cambiarlo. Esto es así porque no
trabajamos la dimensión liberadora de los paradigmas.
“Subjetividad”. Actualmente en los procesos de educación popular ya se
discuten aspectos subjetivos y de sexualidad, aunque no tanto como sería
deseable. Está demostrado que a medida que se habla menos de
determinados temas se cometen más errores. En las escuelas no se hablaba
de sexo ni de política y en ellas se hicieron y se hacen muchas
tonterías.
La discusión debe enfocarse hacia cuáles son los
nuevos paradigmas de la educación popular, o bien, cómo desarrollar una
metodología y una teoría de la educación popular incorporando el legado
de Paulo Freire y haciéndolo avanzar. Este es un desafío que enfrentamos
todos nosotros.
“Lo micro y lo macro”. El aspecto de lo
personal y lo social, de lo micro y lo macro, de lo particular y lo
general, de lo local y lo global, genera nuevos paradigmas sobre los que
debemos pensar en el marco de la educación popular; de lo contrario se
corre el riesgo de acertar en lo particular y seguir en otra dirección
con respecto a lo general.
La Crítica y la Autocrítica
Otro de los desafíos de la educación popular es volver la crítica y la
autocrítica una práctica fundamental, y esto nos lleva a afirmar que no
se puede hablar de educación popular sin que haya transparencia en la
actuación de los miembros del equipo. La educación popular exige
escuchar a los educandos y al equipo sobre lo que piensan del educador,
de su desempeño. Tendemos a pensar que todo está bien y vamos aplazando
los problemas. Es ahí cuando las cosas se detienen.
La educación
formal Aunque no es posible adoptar en la escuela formal la
metodología de la educación popular, sí es posible incluir en aquella
algunas pedagogías de la educación popular, o crear una escuela con la
metodología de la educación popular.
Esta imposibilidad es
válida para otros espacios de la reproducción del sistema. En general
son espacios positivos en sus objetivos inmediatos y, por lo tanto,
necesarios, como los consejos tutelares, la atención a los niños,
proyectos de salud, etcétera.
Como ya no tenemos una visión
apocalíptica de la sociedad, no vamos a dejar de adoptar algunas
iniciativas con la justificación de que “eso o aquello solo se podrá
lograr en una nueva sociedad”. Hemos descubierto que lo nuevo se hace
ahora, y a través de la acumulación de lo nuevo vamos acabando con lo
viejo. A través de etapas y de nuevas iniciativas conseguiremos
conquistar adhesiones, y así enfatizar las contradicciones y
posibilitar, en el futuro, un cambio de la sociedad.
El problema
de la escuela es ser esclava de una cronología curricular con la cual
la educación popular es incompatible porque esta depende del tiempo de
los educandos y no del tiempo del plan de estudios. El desafío está en
conseguir inventar una escuela que no esté atada al control de
instituciones gubernamentales. Introducir otra dinámica en la escuela
formal es posible pero no será fácil. Fernando Cardenal, ministro de
Educación en la Nicaragua sandinista, tenía una propuesta de reforma
educativa interesante que no se logró debido a la agresión de EE.UU. Su
propuesta acababa con el plan de estudios, rompía la coincidencia entre
el avance escolar y la cronología anual de manera que un campesino
podría cursar el sexto grado en seis meses o en seis años, dependiendo
de “su tiempo”. La propuesta rebasaba el criterio de vencedores y de
vencidos. Nadie era obligado a realizar exámenes a fin de año para pasar
al siguiente nivel.
Existe una serie de innovaciones
pedagógicas, pero son solo una gota de agua en el océano de un sistema
escolar preso del plan de estudios y de la tradición. En Kenia, África,
existe una experiencia educativa que procura adecuar el pensamiento con
la acción. Aunque no pretende ser educación popular es un paso con
respecto al cual nuestra educación está a muchos años luz. Uno de los
requisitos de esta escuela es que cada alumno pase una semana del año
conviviendo con trabajadores para permitirles entender cómo se articula
la ciudad desde abajo. Algunos salen de madrugada con los barrenderos
para recoger la basura, otros permanecen una semana como auxiliares de
enfermería en un hospital público, etcétera.
En la escuela
brasileña las personas pasan más de 20 años en los escritorios
escolares, salen con un certificado, pero no saben cocinar, coser,
planchar ropa, cuidar la casa, arreglar un aparato electrodoméstico, no
entienden de mecánica, de automóviles o de carpintería. Nunca debaten
aspectos como pérdida, ruptura, afectos, sexualidad, muerte, dolor,
espiritualidad. Nuestra escuela no trabaja temas fundamentales.
Los excluidos Cada vez un número mayor de sectores populares se
enfrenta a su supervivencia inmediata, y cuando una persona se encuentra
en esa situación no tiene tiempo ni condiciones psicológicas para
participar en reuniones, entrenamientos o encuentros.
Este es un
factor que complica nuestro trabajo. No sirve trabajar con personas que
se encuentran en la miseria. Nadie logra movilizar a una persona que
está preocupada por la comida de cada día. Es importante buscar sectores
en los cuales, estratégicamente, se compensa la inversión de nuestro
trabajo. Esto no significa que vayamos a dejar de trabajar con los que
viven en las calles, como los que se alojan debajo de un puente o con un
niño con SIDA. Sin embargo, debemos tener claridad, dentro de un
proceso social más amplio, acerca de dónde invertir en la formación de
nuevos líderes populares.
El trabajo de base consiste
actualmente en lograr atraer a los sectores excluidos y proporcionarles
un mínimo de organización para, a partir de esa organización,
posibilitar la movilización. Contar con un trabajo de base debería
constituir un criterio para todo educador.
Los Afectos
En nuestros días el aspecto de los afectos se está discutiendo más. Los
líderes formados mediante la educación popular están mostrando, con su
práctica, cómo lo afectivo influye en el desempeño político. Cuando no
eran líderes, no tenían responsabilidad pública, podían vivir sus
problemas afectivos porque ello afectaba, cuando más, a la familia.
Ahora afecta estructuras e instituciones. Discutir el asunto del amor,
en su dimensión personal y social, es romper un tabú, significa colocar
al amor cono la condición para vivir en una sociedad donde las personas
son diferentes sin ser necesariamente contrarias. Queremos crear una
sociedad amorosa.
Recomendaciones para la Acción
1.Hacer educación popular implica tener siempre como referencia el
tiempo como historia. Esto es lo que nos permite analizar los procesos
educativos y hacerlos visibles para otros. Siendo la televisión un
elemento clave en la destrucción de la perspectiva histórica es
necesario promover una educación para ver la televisión, que le permita a
las personas el distanciamiento necesario para ser críticos frente a
los programas que observan.
2.La educación popular requiere que
el educador se cuestione, se eduque permanentemente en el diálogo con
los educandos. Partir del educando es la única manera de partir de la
experiencia del grupo, de lo contrario tendremos una educación popular
conceptualmente liberadora, pero colonizadora en la práctica.
3.Debemos enfocar la discusión acerca de los nuevos paradigmas de la
educación popular, rescatando su dimensión libertadora, para desarrollar
una metodología que incorpore el legado de Paulo Freire y lo haga
avanzar.
4.Aunque no es posible adoptar en la escuela formal la
metodología de la educación popular, sí es posible incluir, en aquella,
algunas pedagogías de la educación popular o crear una escuela con la
metodología de la educación popular. Lo nuevo se hace ahora, y a través
de la acumulación de lo nuevo vamos acabando con lo viejo. A través de
etapas y de nuevas iniciativas conseguiremos conquistar adhesiones para
posibilitar, en el futuro, un cambio de la sociedad.
5.La
dinámica de la educación popular busca el cambio social y, por lo tanto,
debe saber invertir en los sectores donde haya personas que tengan el
potencial de multiplicadores. Ellos, a su vez, ayudarán a la formación
de los que trabajan directamente con sectores excluidos.
Fuente: Albatv.org